miércoles, 27 de junio de 2012
Realidad.
¿Dónde estás? ¿Por qué te has ido? Me agradaba tu presencia, ¿por qué desapareciste?.
Sí, te hablo a ti, felicidad, hablo a la unica sensación que cubría mi vida hace unos días, a ese estado en el que me sentía ufana de mi existencia, orgullosa de mi estancia en este dichoso mundo. ¿Qué ha ocurrido? No entiendo nada, advierto mis pertenencias, todo aquello que tengo... Pero no me hace feliz, en absoluto. Me falta algo, algo que obstruye mi camino hacia una alegría constante.
Quizás sea hora de exteriorizar mis pensamientos,¿por qué no?¿qué me lo impide? Simple, me lo impide los valores en los que se sostiene la sociedad de hoy día, valores que quizás no sean los correctos, convicciones que nos inculcan desde que nacemos y que si nos salimos de ahí ya no es lo correcto,¿quién ha impuesto esto?.
Tenemos unos principios según nuestro gobierno y religión, pues esto es lo que falla, estos dos poderes nos someten a ideales ficticios, ideales que solo conllevan al sufrimiento de muchos y a la dicha de unos pocos. Por ello y por otros temas mi vida y supongo que la de muchos otros se encuentra encarcelada en una sociedad cerrada, con una supuesta libertad que en realidad no existe. Y así vivimos en un mundo de mentiras.
Por ello, la felicidad de las personas se extingue, desaparece por el hecho de no poder expresarnos con total nitided por el miedo a la represión de las personas que sí te importan.
martes, 26 de junio de 2012
Diamante Mandarín
En un oscuro océano bañado por un esplendoroso amanecer, una nube negra, que empañaba el paisaje, se acercaba surcando el horizonte, delante de esta, una bandada de Diamante Mandarín escapaba de ella como sus delicadas alas les permitían.
Estas aves son coloridas
dependiendo de su sexo, los machos desprenden color de cada partícula de su
diminuto cuerpo, vivos colores nacen de su ser para mostrarse en cada zona
visible de todo él y las hembras son hermosas a su modo, a pesar de ser casi
enteramente grisáceas, dos pequeños coloretes blancos asoman en sus mejillas y
su pico rojo ilumina su vuelo en la altura.
Una de esas coloridas aves quedó
atrás, pues su insignificante cuerpo no era rival ante el viento que la tormenta presentaba, se precipitó
hacia el vacío y cuando parecía caer en picado, se deslizó cual pluma surcando
el viento, pero aun así, seguía descendiendo sin control alguno. Mientras caía
se dio cuenta de la hermosura del paisaje, todo era negro, oscuro, provocado
por la mezcla entre la tormenta allí presente
y esa gran masa acuosa que se balanceaba a sus pies, entonces descubrió
la soledad, esa bonita y relajante sensación, se enamoró de ella, respiró y se
dejó llevar. Nunca antes había experimentado aquello, siempre amarrado a aquella
bandada que de pequeño le habían otorgado, por una vez en su corta vida se
sintió libre, no requería a nadie de su especie ni de ninguna otra, todo
dependía de él.
De repente salió de aquel sueño que
inútilmente le invadía, debido a que las aguas de ese estrepitoso mar, en el
cual no se había fijado, estaban más alteradas que en las últimas semanas y sin
darse cuenta se sumergía en esas espirales de agua incontroladas.
No podía respirar, el agua empezaba
a inundar sus pulmones y le oprimía toda su materia. Corrientes azotaban su
colorido rostro sin el mínimo descanso. No paraba de girar como si un remolino
se hubiera apoderado de su fuerza. Una de esas corrientes la llevó hacia la
superficie y por un momento creyó salir, respirar de nuevo, pero tan solo
fueron unos instantes, otra vez sentía la oscuridad marítima en su ser, todo
era negro, la vida se le empezaba a escapar, no sabía a que medio recurrir para
salvarse, para volver a ver a esos pájaros que anteriormente había despreciado
pero que ahora ansiaba volver a sentir, no sabía que hacer, la mente se le
empezaba a nublar. ¿Cómo actuar?
En un momento inesperado saco
fuerzas de lugares que desconocía, aleteó, sus alas se movían de arriba a abajo
como nunca antes lo habían hecho, su cabeza asomó de entre las aguas, pero una
ola arremetió contra ella, la sal del mar se filtraba por su lagrimal y
enrojecía sus minúsculos ojos, el dolor y el cansancio se apoderaba de él, pero
sabía que podía, sabía que recorrer tantos kilómetros anualmente le debían
servir de algo y se acordó de su infancia. Cuando tan solo era un polluelo su
madre le enseñó a volar, gracias a ella conocía todas las técnicas existentes
de como utilizar esas alitas como grandes hélices a la hora de volar. Pero en
este caso no se trataba de aire, era agua, y esa sensación de frío recorría
todo su ser. El hecho de haber recordado a su madre le dio las fuerzas
suficientes de volver a intentarlo y esta vez si lo consiguió, sus alas
aleteaban de un modo incesante. Vislumbró las nubes que le habían derribado con
anterioridad y voló hacia ellas, su mayor dilema era el peso de sus alas, al
estar mojadas, se había incrementado notablemente.
Por la diferencia de temperatura
entre el mar y la zona exterior, un vapor naciente de la superficie acuosa
impedía la vista más allá y por ello a nuestro pajarito se le complicó aún más
su trayectoria, y las fuerzas precisamente no es que le sobraran.
En un momento inesperado, un gorjeo
se escabullía de la tormenta y el diamante mandarín que acababa de salir del
agua lo interceptó y rápidamente supo de quien se trataba, era un ave
esplendorosa de la cual había sentido envidia en varias ocasiones, un galán del
mundo aviar y un gran pájaro, era su hermano, de ahí que hubiera ido a ayudarle
o al menos a ver como se encontraba. El pájaro recién llegado se sorprendió
ante la estampa allí presente, el pájaro que más quería estaba mojado, triste y
eso le corrompía el corazón. Entonces decidió amarrar sus dos patas a la zona
occipital y a parte de la espalda y tiró de él hacia arriba, un brillo de
esperanza se encendió en los ojos del ave que colgaba, el cual se sintió
avergonzado por la necesidad de que su hermano le cuidara y echó a volar por
sus propios medios. A pesar del adormecimiento de gran parte de su cuerpo,
volver a volar no le supuso mucho esfuerzo.
Las dos aves, juntas, se dirigieron
a esas oscuras nubes, se dieron fuerzas con la mirada y agitaron cada ápice de
su cuerpo con el fin de que nada les dañara.
Su vuelo les resultó el más largo de sus vidas,
parecía que esas nubes se alejaban a cada aleteo que daban, pero estaban ahí,
sabían que llegarían, por tanto, le pusieron mucho empeño.
Al llegar a las nubes temían que
alguno de esos relámpagos les pudiera alcanzar, pero por suerte no fue así y
consiguieron alcanzar su propósito.
Una vez al otro lado de las nubes un resplandor cegó a los dos pájaros y
sonrieron interior y exteriormente. Se dirigieron hacia esa luz, sabiendo que
era su salvación, pararon el vuelo y se mantuvieron en altura estable. A lo lejos
se divisaba el resto de la bandada, se unieron a ellos y se dirigieron a su
próximo destino, su hogar, donde su madre les esperaba ansiadamente.
De aquí podemos obtener una gran
moraleja. Por muy adversa que pueda ser la existencia, por muchos altibajos que
podamos encontrar, por muchas veces que caigamos, siempre, a no ser que se trate de la muerte, podemos
salir de esa situación.
También es cierto que a veces a
nosotros solos nos cuesta llevar algo a cabo, pero siempre habrá alguien
dispuesto a ayudarnos a conseguir salir de un problema o llegar a nuestros
propósitos. Para poder llegar a esto, es cierto que hay que tener fuerza y
mucha voluntad, pero merece la pena siempre y cuando nuestro objetivo sea
encontrar esa luz.
D'Ascoli
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