Hoy mi mundo solo gira en un sentido, el sentido de las agujas de tu reloj, aquel que marca las horas de tu respiración.
Hoy solo quiero comprobar si tus labios son tan dulces como parecen en mis sueños, si tu mirada helada es tan profunda, si tus mejillas se sonrojan al verme como a mí me ocurre al verte a ti.
Hay noches en las que oigo voces cercanas, voces extrañas, intento hacerme a la idea de que eres tú que, sin otro modo de acercarse, intentas hacerme comprender la realidad.
Quiero bajarte las ganas, sentirte recóndita, probar el amor.
Frustrándome hallo el modo de encontrarme a mí misma,de comprender cualidades humanas que desconocía tener, y me encuentro ante una inapetencia repentina ante la vida., que descoloca por completo mi ser. No quiero vivir sin su rostro al despertar o un mensaje de buenos días, sin un beso que me alegre o una caricia que amor muestre. Fue algo esencial en mi vida, que desde que no está perdió toda su dicha. Cada vez que esa felicidad parece llegar se esfuma como si nunca hubiera estado ahí, pero deja huellas, huellas de que alguna vez pude ser feliz y fracasé, bajadas de autoestima, desalentado encuentro el corazón.
Pero esta vez será diferente, quiero que tu seas mi razón, aquella por la cual me levanto o una espléndida sonrisa invada mi rostro.
¿Conoces la historia del beso de la ballena?. Una ballena azul se había enamorado de la luna. Cada noche, mientras sus compañeras perseguían los bancos de plancton ella salía a la superficie y se pasaba toda la noche mirando la luna. Suspiraba porque se sentía triste. Cada noche la veía pero no podía hacer nada para acercarse a ella, y como solo era un puntito en el mar, la luna no la veía. Y la ballena lloraba y lloraba. Hasta que una noche reunió todas sus fuerzas, nadó hasta el fondo más oscuro del mar y después, enseguida, saltó hacia arriba, muy alto, más alto que nadie. Pero la luna estaba demasiado lejos, y cuando empezó a caer, al ver que nunca la tocaría, le lanzó un beso. Y estaba tan lleno de amor ese beso que, a la noche siguiente, justo donde cayó, había una réplica exacta de la luna.