Tu sonrisa, que todo lo puede, forcejea en encontrarse con la mía.
Tu siniestros ojos no hacen más que aclamar mi inocencia, me das miedo.
Me produces vértigo y eso que eres la altura más bonita de la que podría caer.
Y es que te echo de menos apenas segundos después de tenerte.
¿Y qué? Me dirás.
Pues no acostumbro a besar labios distintos a los suyos, ni a abrir los ojos y encontrarme algo tan poco zarco.
Pero llegas y le das la vuelta. Mandas todo a la mierda y te conviertes en el centro.
En mi centro.
Deja de volverme loca y devuélveme a mi realidad.
Aunque esta realidad que has creado, donde solo estamos tú y yo, no está nada mal.
Aplacas recuerdos para crear otros nuevos, donde espero que estés tú inmersa.
Me has salvado sin pedirte que lo hicieras, has creado vida.
Y ahora solo quiero perderme, a ser posible, por tu cuerpo.
Piérdeme.