miércoles, 12 de septiembre de 2012

Sueños.


Anoche soñé contigo, soñé que te amaba y que tu me amabas, mi ingenua alma era feliz, y  tus deseos yo cumplía pues satisfactorio era para mí.
De mañana temprano me levanté, miré al sol saliente de entre las montañas que rodean la ciudad y a la luna que se escondía tras los edificios de las afueras. Hice algunas tareas de la casa y saqué a pasear a mi mascota, todo esto sin que lo que esa noche había sucedido saliera de mi cabeza. Parecía tan real, tan bonito... Que creo haberme vuelto a enamorar.
Tu faz reflejaba la felicidad que te causaba tenerme entre tus brazos, tus cetrinos ojos brillaban bajo la luz de la luna que esa noche completa se vislumbraba, tus manos se mostraban inquietas zarandeando el anillo con el que te acababa de obsequiar, tus esquivos labios me otorgaban minuciosos besos, tus palabras resvalaban por mis oidos hasta provocarme sensaciones insospechadas. Pero en el mejor de los momentos todo se nubló, el cielo oscureció y tu mirada dejo de brillar, te levantaste del césped en el que echados estábamos, y sin razón aparente,  te fuiste. Me quedé sola, vacía, como jamás me había sentido.
Al despertar me di cuenta que engañarme no me sirve de nada, no había dejado de quererte, seguías ahí. Pero mi subconsciente había trasladado toda la informacion sobre ti a su territorio, debido a que esto me dañaba y por suerte o por desdén se había dejado una puerta abierta mientras dormía, por ahí escaparon nuestros recuerdos y se mostraron en un sueño que ha servido para mucho y para poco al mismo tiempo. Vete, no te lo impediré, pero que sepas que te amé, te amo y te amaré.

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