domingo, 18 de marzo de 2012

Días que no terminan, horas que no concluyen, segundos eternos, lágriman ínfimas. Añoro cada instante del pasado donde la felicidad era parte de mi persona, donde las sonrisas abundaban. Lugares coloridos chocaban en mi mente, ahora, paramos siniestros golpean mi conciencia. Desespero en cada intento de ser yo, de que no incumba en mi vida pensamiento ajeno alguno. El problema es la importancia emergente que abstengo hacia ciertas circunstancias, hacia ciertos lugares y personas. Anhelo con dificultad infinita la manera de ver el mundo en el pasado. Añoro mis numerosos instantes de felicidad extrema. No puedo, exploto.

4 comentarios:

  1. No vivas tanto el pasado y disfruta del presente..

    ResponderEliminar
  2. un escrito melancólico pero muy bien redactado, la pena o la añoranza son un buen motor de escritura y tú aquí le sacas partido.
    buen trabajo

    ResponderEliminar