A través de las tinieblas llegué hasta a ti. Desvanecida y deshecha de un amor ya caducado, comencé a leer tus letras de las que creí comprender todo el universo del que una vez quise escapar.
El único momento del día en el que puedo ser yo misma, es cuando estoy sola, alejada del bullicio de voces que truenan en mis tímpanos, iluminada por gordas luciérnagas suspendidas del techo. Pero huyo de mi y me acerco treinta horas al día a los pliegues de tus rodillas para que no me dejes a solas con mi rostro.
jueves, 6 de octubre de 2011
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